Review de brutal show de Testament del día 16 de agosto en el Teatro Caupolicán .
Por Sergio Anónimo
Puntual, a las 20 y 30 llego a disfrutar de este variopinto cocktail de thrash y ¿prog? Exactamente, tus ojos no te engañan, lo que presencié ayer no sólo fue la brutal presentación de la banda de la Bay Area, sino que, de gloriosa yapa, venían dos platos de entrada excepcionales: primero, el número seguro a ganador, los nacionales Nuclear, agrupación más que probada, con discazos a nivel mundial bajo sus espaldas, giras por varias masas de tierra y una formación sólida como el granito; después, el hasta ese entonces número “anómalo”, los señores de Manatarms
Cuando mi panza reclamaba comestible, no pude salir a comprar. ¿La razón?: los aludidos Manatarms empezaban a tocar. No sé si eso de telonear a un peso pesado fue una cojonuda apuesta de la productora o de ellos mismos, pero valoro de sobremanera cuando una banda, sin tener el más común denominador con el plato fuerte, se la juega, a lo kamikaze, y se tira a la piscina sin sucumbir en el intento. Algo como lo que ocurrió con Héroes del Silencio y Iron Maiden el 96 en este mismo recinto podría perfectamente haber sucedido. Pero ocurrió algo bastante opuesto: el nivel técnico y de carisma de Manatarms se apreció desde el rockero más open minded hasta el truesher más hambriento de tercera menor, por lo que el respetable se portó como un té inglés. No hubo abucheos, se permitió el set que asumo completo, se escuchó atentamente la propuesta de estos chicos. El rollo de este quinteto es un hard rock en la vena de Tool, pero pasado por el turmix de Porcupine Tree con testosterona o unos Rollins Band con un fuerte componente armónico. Los guitarristas, MUY AFIATADOS, desplegaron todo el vocabulario prog que amo: riffs en octavas, polirritmias con clase, un vocalista de la escuela FISH/Peter Gabriel combinado piscoleramente con el groove noventero y un batero poseso que me sacó el poco pelo que tengo. Nada que envidiar a los nuevos talentos americanos. Cojonuda elección de banda: valientes los socios. El público recibió el talento y lo devolvió con respeto.
Nuclear debe ser la banda de metal más grande del momento en Chile. Vive un estado de popularidad que se sentía desde antes que tocaran; de hecho, a momentos, parecían ser el cabeza de cartel. La verdad, merecen todos los elogios. Presentaron un show aplastante, con un thrash a medio camino entre el Bay Area y el alemán. Lo único negativo: algunos desperfectos de sonido de uno de los guitarras. Eso sí, luego del segundo o tercer corte estaba todo como reloj. El bajista, Raimundo Correa, debe ser un digno sucesor de Cliff Burton. El tipo toca con groove y brutalidad en un solo package. Otro punto alto del show fue el temazo “Sadistic Method for Crime”, cuyos riffs stacatto al inicio son el mejor preámbulo para el mosh.
Pasaron unos minutos y apareció el plato fuerte: Testament, quienes en su tercera visita nos dejaron claro por qué son una de las bandas más importantes del thrash. Abrieron tirando toda la carnicería para el mosh: “The New Order”, “The Preacher”, “Over the Wall”, “Practice What you Preach”, “Souls on Black”, “Into the Pit”, para luego bajar las revoluciones con la aburrida “Electric Crown” (del insípido álbum de 1992, The Ritual) y la descartable “The Legacy”. En un momento el mosh era tan brutal que la cancha parecía un tagadá humano. Los mismos Nuclear estaban al medio del pit pasándolo como chino. No fuimos pocos los que sentimos tener 15 años de nuevo, ya que la brutalidad de Testament, amén de sus nuevos registros e inteligente absorción de nuevos estilos en su música, se mantiene anacrónica y a la vena.
También sonaron “Alone in the Dark” y dos concesiones al brutalísimo The Gathering de 1999: las magnificientes “D.N.R” y “Three Days in Darkness”. Se nota que estos tracks son un paso y medio más brutal que el resto y que son, efectivamente, puro Eric Peterson, a diferencia del material por así decirlo mamón que es más Alex Skolnick. Debo confesar que casi lloré en la parte final de “Three Days in Darkness”, la que Chuck Billy vocalizó cara de raja al más puro estilo death metal, asunto que contrastó con esa parte más sabatera de la canción. Era realmente como estar en un aquelarre de los infiernos recibiendo la visita del Chanclas.
Debo volver a resaltar lo genial que se veía el pit en las primeras canciones de los discos The New Order, The Legacy y The Gathering. Era como ver un show de los ochenta en el Trocadero de Filadelfia. Pero si se guardó un apocalipsis para el final, éste fue el bis. Con “Disciples of the Watch” el teatro se vino abajo. El mosh fue implacable. Hasta las minas pegando cornetes. Incluso vi un par de punkekes vueltos mongos y unos curados detrás mío que me gritaban “buena, Iniestaaaa”. Priceless.
Sí, es cierto: nunca fui fan de Skolnick. No me interesa su show guitarrero. Creo que su puesta en escena es como ver a Susana Roccatagliata saltando con las patitas juntas, pfff. Eric Peterson, en cambio, es Satanás mismo, el genio de las seis cuerdas: con sus mega riffs disminuidos, con cuartas, cromáticos y reloj Nivea Time incluido, lleva todo el peso riffero de la banda. Sobre Chuck Billy, qué más puedo agregar: el sioux del infierno canta como el Pazuzu que es. Si me hacen escoger, prefiero su registro gutural. Amaría ver a Testament convertido en una unidad thrash death como en los discos Low, Demonic y The Gathering, pues a Alex se le nota demasiado que no le gusta la “cosa brutal”.
Mis últimos aplausos son para ese binomio de la muerte: el señor Jon Allen de Sadus –encargado de asesinar los parches en la bataca– y el dios del rock, don Greg Christian, que, si bien no tocó totalmente las partes de Di Giorgio en los temas del disco de 1999, tiene una precisión, una clase y un tono que resalta su propia performance, al tiempo que dispara el peso de la canción, sin nunca caer en la chabacanería y la indulgencia. ¡Bienvenido!
Agradezco estar vivo para haber visto este mega concierto, el de una banda que merece estar en el real BIG FOUR y que por razones corporativas no lo estará. ¡Sólo nos falta ver a Metal Church en Chilito!
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