Sacramento
Weight of Sin
Independiente
LP, 2011
Por Sergio Anónimo
Chile la lleva y, no obstante que la homofobia, el tercermundismo y la negligencia de algunos políticos del ayer y de hoy avergüenzan a mi patria, el metal y el hard rock (conceptos que a mis oídos son lo mismo) dan un componente identitario a nuestra pulenta bandera y configuran un producto país, una marca registrada en altos estándares compositivos y de producción musical.
Sacramento es una banda compuesta por Alejandro Espinosa en Guitarras, Francisco Martín en bajo, Jorge Guerra en Batería y Laura Vargas en voz, quienes a primera escucha tocan un metal que los acerca a bandas como Drain Sth, Godsmack o, quizás, Disturbed e, incluso, en peso y cadencias a Alice in Chains y, siendo más vidente, a Porcupine Tree en el tercio progresivo de su música.
No permitas que el tener una frontwoman en sus filas los encasille en el rollo de bandas como The Gathering o Lacuna Coil, sino por el contrario, el fuerte de este cuarteto es su fuerza como una banda de heavy integral y no una mera plataforma para el lucimiento de su vocalista. Las guitarras ocupan el frente de la mezcla cuando tus entrañas piden heavy y la voz tiene su espacio cuando tu ánimo añora algo atmosférico y taciturno. El primer corte, “Left Hollow”, parte con un motivo casi mayor y que te pide a gritos un estribillo grandioso, el cual se deja caer inteligentemente en forma de armonía vocal con los pasajes brutales de una voz más metalera. Ojo en el último estribillo, cuando el hímnico coro termina en una nota que da un toque muy disonante. Eso me recordó a los grandes de Seattle y, por supuesto, a King`s X, al hacer robustos acordes con las voces.
“Let the death embrace you” es arrastrada y susceptible de explotar en cualquier momento, con esos riffs industrialoides que enriquecen el groove. El timbre de Laura me recuerda, no por similitud tonal, sino por actitud e impronta, a muchas vocalistas de bandas alternativas o inclasificables que me gustaban, tipo Dead can Dance. Contrastando con esta pesadez latente, suena “Forsaken”, que es una canción descarada e infecciosamente metalera. Los estribillos me recuerdan un pelito a “Would”, de Alice in Chains, pero con riffs shuggah shuggah, ¡¡temón!! El coro está de pelos, esos acordes aumentados permiten que tu atención se centre en la melodía vocal. Lo que me gusta de esta banda es que perfectamente podrían haber caído en en la tentación de un material meloso y con la vocal acaparando todo, pero la dinámica (en su sentido amplio) está en la banda completa. Me encantó el sonido de los crashes en el estribillo final, da el escape y explosión necesaria para que el track respire.
Los primeros acordes de “Purple” te sugieren una balada, atendiendo la bella progresión del piano y el 6/8 en que está tocado. Pero bastan menos de 20 segundos para que el metal haga de este temazo una constante oscilación entre lo sublime y lo pesado. Acá la producción juega un rol esencial, ya que suena creíble, no forzado, y equilibrado. El tono de las guitarras es preciso y el bajo, tocando esos registros altos en el puente, ponen un toque de elegancia y ciertos tintes sinfónicos sutiles. Ojo con el solo, ejecutado con las notas precisas y una elegancia muy David Gilmour –también hay un efecto que da un kilo de espacio a este pasaje–. Para cerrar, un tema metalero a rabiar, con voces growl que no hacen sino un ciclo completo y redondito de esta composición ¡Tomen nota gringos screamo!
Si con el track anterior me di cuenta que ésta NO es cualquier banda, es con la canción siguiente, “Everything to Waste”, que me enamoré de su estilo musical. No tengo mérito alguno que me permita determinar cuando un disco es bueno o malo, ni un estudio formal que respalde lo poco y nada que sé de música, pero si de algo puedo jactarme es que no me equivoco en, al menos, ver dónde esta la potencialidad de un disco y, en ése ámbito, ver la diferencia entre lo que se pretendía y lo conseguido; ergo, es sabido que soy muy fijado en que la fuerza se matice y, siempre, siempre, haya algo más, esos pequeños detalles casi azarosos que distinguen una obra de otra y que gente nerd como yo descubre y disfruta como chino. Bueno, tomando en cuenta eso, esta canción tiene esa magia: parte con un riff que tira parcialmente la carne a la parrilla y cuando esperas una estrofa que sea sólo una reiteración del motivo, se viene un MEGA RIFF, un MEGA GROOVE y una línea vocal que cae sola, luego un pre coro que retoma el riff inicial, luego los maravillosos registros bajos del riff que dan la pasada al coro, que tiende a desacelerar las cosas, dada la inmaculada estrofa, siendo nuevamente los registros bajos del riff los vectores de genialidad. Señores, esto se llama: DINÁMICAS (en su sentido específico) y para mi placer auditivo, tengo el gusto de oírlas nuevamente en un discazo de metal nacional. El puente es de los cielos y el cierre de éste, estratosférico.
“Save me my son” tiene una belleza sobrecogedora y un sonido lleno de matices, por ello insto a que lo oigas con audífonos en la calma de tu casa. Ojo con la vocalización, la entrega y honestidad de esta performance ya la desearían muchas bandas europeas, las que a pulso de pro tools son incapaces de conseguir la pasión de esta entrega.
“Die Alone” tiene esos riffs sincopados ala Disturbed, la verdad que no aporta mucho a lo evidenciado anteriormente. Todo lo contrario a la imponente intro de “All Betrayals”, que con unos riffs potentísimos, a crash abierto, y sus intromisiones en 7/8 anticipa algo grande y vaya que sí, un pre coro y un coro notable, con voces graves y cadenciosas, genial. La emotiva voz hace mucha justicia al peso guitarrero.
La canción siguiente, “Forgotten in time”, proviene directamente de la escuela de riffs que me formaron, es decir, emanado de los señores Alex Lifeson, Jerry Cantrell, Ty Tabor y algo de Iommi. ¿De qué hablo?, de acordes con cuerdas abiertas, bends graves, desplazamiento de la tónica manteniendo un par de cuerdas al aire, motivos mayores combinados con brutalidad. Una maravilla de track, es como Rush con brutalidad. Honestamente, creo que esta configuración de metal en tonalidad mayor con bolas les sienta elegantemente. El solo proviene directamente de la tierra de Starman. Belleza y clase por doquier, un puente harmonizado resolutor que literalmente me puso la carne de gallina. Conozco un listado dinosaúrico de bandas progresivas que darían la mitad de la discografía por crear un track así. Lamento que en un formato muy metálico inclusiones como éstas serán altamente descalificadas.
“Take me Away” cierra con clase, con ese aire de las últimas canciones de los grandes discos de Rush (onda “Something for Nothing”, de 2112, o “Everyday Glory”, de Counterparts). Quizás, ante esos riffs chacalmente asesinos de la estrofa, esperaba un coro más al lagrimal. Pero esta banda hace ese ejercicio, estrofas a la vena y coros relajados. Interesante.
Cabros, estamos ante una banda que cubre aristas sumamente amplias de nuestro estilo, más allá de toda la paja que pueda apuntar. Entretienen, rockean y emocionan ¡Quiero verlos en vivo!
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