-->

De izquierda a derecha: Ross Dolan (bajo y voz), Steve Shalaty (batería),
Robert Vigna (guitarra) y Bill Taylor (guitarra). Fotografía extraída de la página Facebook de Immolation.

Por Max Neira

Recuerdo por ahí en el 94, durante alguna despistada tarde de preadolescente, haberme encontrado un volante botado cerca de Las Palmas. Un inflamado logotipo destacaba la visita a Chile de unos tales Immolation, la cual supuestamente se materializaría en julio de aquel año en el Gimnasio Manuel Plaza. Hasta ese momento, no tenía mayor noción del metal extremo aparte de haber reducido a su mínima expresión cintas de Morbid Angel, Sodom y Sarcófago.

Por cierto, la promoción solo anunciaba una visita ficticia, ya que los de Yonkers jamás pisaron Santiago. No quedó otra más que buscar material disponible de estos tipos. Dawn of Possession quedará grabado para muchos como un momento pivote en la historia del death metal, un hito divisorio para los que solo querían brutalidad y para otros que buscaban algo más que la verdad oficial. Esos inquietantes 40 minutos, en especial temas como “Those Left Behind”, anunciaban algo por lo que valía la pena esperar.

Carátula de Providence, el último trabajo de Immolation hasta la fecha (EP), editado en octubre de 2011 y que cuenta con los temas “What they Bring”, “Illumination”, “Still Lost”, “Providence” y “Swallow the Fear”.

Tuvieron que pasar dos años para un segundo encuentro. El largo silencio no sería en vano y el exilio autoimpuesto nada más que un camino hacia el sonido definitivo. Here in After llevó las ideas presentadas en Dawn of Possession a niveles antes insospechados para el género, exponiendo la mayoría de los elementos que los harían destacar por sobre el resto. La precisión del tándem Vigna-Wilkinson se traducía prácticamente como una sola guitarra, arropada por la imaginativa batería de Craig Smilowski y el siempre audible bajo de Ross Dolan. Como si de una exhortación se tratase, una épica imperial se apoderó de las cuerdas de la banda, ilustrada por esos inconfundibles y amenazantes acordes que llenan los espacios como si fuese una orquesta, acordes llenos de tensiones macabras e incómodas. Otra especialidad comenzó a hacerse tradición: las codas finales. Immolation no daba acabados sus álbumes sin una marcha de conclusión, circular y necesaria, como dándole el broche de oro a cada una de sus obras. Failures for Gods, Close to a World Below y Unholy Cult resultarían pruebas claras de esta tradición. Todo ese torrente incontenible solo tiene sentido si nos acercamos a lo que quiere decirnos.

La concepción católica que educó a muchos de nosotros y nos dejó programada su propia visión del infierno: un espacio cavernoso rebosante de demonios, chivos, verdugos y llamas por doquier. Cuando se trata de blasfemar en contra del cristianismo, el cliché nos transporta permanentemente a ese lugar común. En cambio, Immolation nos lleva sin escalas a un infierno distinto. No es necesario moverse ni viajar a las profundidades, ya que el averno que nos muestra está sobre la tierra, en nuestro mundo. Las llamas que nos queman provienen de las religiones, las instituciones con las cuales hemos convivido desde la cuna. Sin embargo, no se trata nunca de una crítica social al sistema ni una apología al valor del ser humano, más bien un sutil llamado a levantarse y sacudirse como entidad única, ya que pese a su aparente ateísmo, los textos hacen un llamado a preservar el “alma”, pero sin sermones baratos ni órdenes, sino como un llamado a la voluntad personal. No hay distinciones a la hora de enviar su mensaje, no le importa el concepto de élite, al mismo tiempo que su maldad arrolla más que ninguna.

Carátula de Failures for Gods, tercer larga duración de Immolation, editado en 1999. Imagen extraída de www.metalarea.org.

Immolation no es dogma y está muy lejos de serlo, pero tiene principios, grabados a fuego. Puede evolucionar dentro de su propio universo y espectro. Crece y se va adaptando a los tiempos, pero a su propio ritmo. Ha logrado su estilo tan propio e inimitable prescindiendo de cualquier moda o nuevas formas de enfocar el death metal. Hoy, vemos como grandes leyendas del estilo han caído en la ignominia, como Kataklysm o Cryptopsy, al mismo tiempo que otras agrupaciones han sucumbido a la tendencia tan de nuevo siglo, que obliga a adentrarse en las profundidades del primitivismo, cerrando el círculo buscando la verdad en los padres fundadores.

Immolation no solo es fundador, también es padre y espíritu y nosotros sus hijos. Es así como los que decidan no asistir este 1 de julio al Teatro Caupolicán podrán vivir en arrepentimiento, colmados de culpa cristiana, el haberse perdido quizás al último bastión death metal sobreviviente en el planeta. Congregados en comunión, cual retorcida liturgia: una feliz contradicción.

Unholy Cult (2002), quinto LP en la carrera de Immolation. Imagen extraída de www.yuforum.net.

Uranus 26 / June / 2012

Deja un comentario


Antes de comentar, por favor considerar:

  • Estos comentarios son moderados
  • Los comentarios deben ser relevantes para el tópico de la publicación y contribuir a la discusión
  • Ataques personales y/o lenguaje con groserías no serán tolerados
  • Comentarios spam serán eliminados