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All Stumpf, líder, frontman y compositor de Antartandes.

All Stumpf, líder, frontman y compositor de Antartandes.

Por Cristian Salgado Poehlmann

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El escenario antes de la fecha del 7 de noviembre en Transmission Studios: The Last Knell cargaba con el segundo eco de su larga duración debut, Aeon Vmbra Genesis, editado originalmente en 2011 por Misanthropic Art Productions –un sello de Corea del Sur que dejó bastante que desear en cuanto a la presentación del álbum–, pero que ahora, en 2014, por medio de Tyrannus Records logró la justicia que le corresponde, en una segunda edición bastante bien trabajada en cuanto a manufactura; Antartandes, por su parte, descendía impetuoso para escupir Rising Okkult Spiritus, larga duración editado en 2014 por Razed Soul Productions y que todavía es novedad dentro de la escena black metal chilena, principalmente debido a lo poco que el cuarteto liderado por All Stumpf ha tocado en vivo. A priori, lo interesante de reunir a estas dos bandas –y en particular considerando los dos álbumes mencionados–, desde el punto de vista netamente musical, radicaba en la divergente visión del black metal que plasmaron en sus debuts, algo que sugiere la siguiente hipótesis respecto del estado del black metal santiaguino: la renovación de grupos cultores de este subgénero es definitivamente algo patente. Ya no se trata de músicos con proyección, sino que de agrupaciones bien arraigadas en el régimen negro, con un color propio y que a todas luces entienden el black metal desde su porfía individual, eso que en literatura llaman poética. En consecuencia, la relación entre Antartandes y The Last Knell es, por decirlo de algún modo, antitética: mientras esta plantea composiciones de corte melancólico, introspectivas y delgadas –lo que genera, tal vez, una atmósfera más tradicional en relación a cómo se ha entendido el black metal durante las últimas dos décadas–; aquella apuesta a un sonido grueso, pesado y poderoso, negando indirectamente –puesto que no se trata de una disputa: cada cual a lo suyo, he ahí la virtud de este tipo de reuniones– la propuesta de The Last Knell.

Cernunnos, guitarrista de The Last Knell. También forma parte del proyecto black metal Urre.

Cernunnos, guitarrista de The Last Knell. También forma parte del proyecto black metal Urre.

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El escenario después de la fecha del 7 de noviembre en Transmission Studios: la referida distancia entre los estilos de una y otra banda tendió a desdibujarse, diluirse, mostrándose una mucho más cerca de la otra. En esta ocasión, el desplazamiento corrió por cuenta de The Last Knell. Respecto de las presentaciones en vivo de su banda, el vocalista y líder Idimmu declaró hace alrededor de un año algo que calza perfecto con lo que los creadores de Aeon Vmbra Genesis entregaron aquella noche: “En vivo se expresa la brutalidad e intensidad de lo que realizamos y experimentamos de manera aislada en nuestro estudio”.1 Lejos de aferrarse a la fórmula contemplativa de Aeon Vmbra Gnesis, la presentación resultó cargada de una violencia y un odio mucho más cercanos a los primeros trabajos del ahora quinteto. Y si bien un asistente hizo hincapié en que Idimmu, en su nuevo rol de vocalista –recordemos que la tradición consistía en que, además de cantar, se colgaba la guitarra– no sacó el provecho que debió a la puesta en escena –“demasiado inmóvil”, según dijo–, lo cierto es que Amok y Cernunnos, guitarristas ambos, sí mostraron una férrea e intratable actitud bélica y hosca, como buscando que los muertos permanecieran en la sala durante los aproximadamente 35 minutos en que The Last Knell ejecutó su setlist, bastante transversal, por cierto, respecto de su discografía actual y futura. Y si The Last Knell se mostró como un representante de la diferencia entre discos y presentaciones en vivo, de Antartandes podemos celebrar precisamente lo contrario: la agrupación repatrió intachable la sólida muralla minimalista que representa Rising Okkult Spiritus. Llegado este punto, no se vuelve urgente o necesario construir un otro en el traspaso desde el álbum al show, en especial porque Rising Okkult Spiritus tensiona naturalmente los clichés del black metal, que volver a desafiar al subgénero, esta vez sobre el escenario, podría atentar incluso contra la poética que el propio cuarteto defiende, transformando sus presentaciones en vivo en un mero acto manierista. “Lee uno con tal curiosidad este libro –dijo el escritor ruso Antón Chéjov cuando se enfrentó a la novela Guerra y Paz de León Tolstói–, y con tan inocente asombro, que parece que nunca hubiera leído nada antes”.2 Desde un imaginario black metal tradicionalista, algo parecido ocurre al escuchar Rising Okkult Spiritus.

Idimmu, líder y compositor de The Last Knell.

Idimmu, líder y compositor de The Last Knell.

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HS: ¿En qué se diferenció la presentación de esta noche con la que realizarán en Hegemonía II el 20 de diciembre?

Idimmu: Para nosotros esa noche fue más que nada un ensayo, una práctica más para la presentación del 20 de diciembre. Tenemos nueva alineación, por primera vez fui vocalista y, salvo por el corpsepaint, fue como un ensayo. El 20 de diciembre prepararemos más la puesta en escena. Habrá más preocupación en cuanto a imagen. En Hermeticum Manifesto todo fue más sencillo, simplemente tocamos frente a amigos, pero con la brutalidad, intensidad y entrega de siempre.

HS: Dejando de lado el cliché de “nosotros mismos somos nuestra única influencia”, ¿qué influyó para que pisaran los escenarios? Por otro lado, ¿qué influjos actuales al respecto encontramos en The Last Knell?

Idimmu: Siempre fui un poco reacio a tocar en vivo, hago música para mí, no para figurar, pues hay mucho chisme, insultos y mala onda entre bandas y medios. Veo envidia, mediocridad, falta de educación, eso es todo. Y la envidia no es más que una demostración de inferioridad. Yo evito a la gente así, pero debo admitir que gracias a Nicolás Onfray3 mi mentalidad cambió. Creo y quiero hacer algo profesional, no solo en cuanto a discos, sino también en las presentaciones en vivo. Sobre influencias actuales, lo resumo en ideas como la fuerza, brutalidad, oscuridad, energía y positivismo, que son el alma de la banda hoy. Mis ideas van de la mano de mis lecturas y experiencias. Por otra parte, creo que todo está en la mente de la audiencia, en cómo representan lo que ven. El público reacciona a lo que recibe, no hay más, la perturbación está en la mente de cada uno. Si se activa con imágenes, sonidos o lo que sea, depende de cada individuo. Nosotros hacemos lo que nos gusta y de la forma en que nos gusta.

HS: ¿Desde qué perspectiva o criterio concibieron el setlist para esta ocasión? ¿Qué esperabas lograr con ese específico orden de canciones? ¿Existe algo más allá de la mera congruencia sonora al momento de establecer un listado de canciones, hay algo conceptual de fondo que forme parte importante en la elección final?

Idimmu: No le doy tanto significado a las cosas a la hora de tocar en vivo. Lo único que espero es hacer una excelente presentación, llena de energía y entrega. El setlist lo hice mezclando lo que ya se conoce con lo que no. Partimos con una canción que está por salir –en un split con Triumfall, bajo Tyrannus Records–, ideal para comenzar, debido a su introducción. Luego, algo del casi finalizado próximo disco. Después, material de Aeon Vmbra Genesis y cerramos con una canción del primer demo,4 como para recordar nuestro precario origen, pero con la ejecución, técnica y madurez de la actualidad. Fue interesante intentarlo, salió muy bien, había buen ambiente.

HS: Según el escritor Roberto Bolaño, la literatura se instala “en el territorio de las colisiones y los desastres”.5 ¿Dónde se instala el black metal según The Last Knell?

Idimmu: “Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos”, según Sir Francis Bacon, filósofo y estadista británico del siglo XVI. El black metal pasó mucho tiempo existiendo por moda, como cualquier otra, formó parte del mainstream. Para mí es todo lo contrario: hago black metal por una necesidad interior. Nos formamos en 2003 y no somos “populares”. Yo no vivo de esto tampoco, no llevo una vida black metal, me parece absurdo, todos somos profesionales y trabajamos, pero cuando tocamos, grabamos y ensayamos nos involucramos mucho en esto, sin ser una propuesta destinada a los medios, no pensamos en cosas como “esto será un hit”. En realidad, lo vivimos herméticamente, sin pensar más allá, solipsismo absoluto, diría yo, el concepto central de The Last Knell. Desde el año 2003 que pienso así para mi banda, pero no desprecio a quienes no lo comparten. No espero la aceptación ni la opinión de nadie más que la proveniente de nosotros mismos.

HS: ¿Cómo relacionarías a The Last Knell –bien lírica, bien musicalmente– con esto: “Solo podía seguir adelante llamando a la ‘naturaleza’ en mi socorro y confiando en ella, considerando mi monstruosa ordalía como un empellón en dirección inusitada, es cierto, y desagradable, pero que solo exigía –para vencer en lucha real– otra vuelta a la tuerca de la ordinaria virtud humana”.6

Idimmu: Podríamos relacionarnos a partir de la perseverancia ante lo inevitable. No me preocupo si el estilo es anticuado o si el sonido no es el que otra gente piensa que debe ser o que se nos compare con otra banda, etcétera. Nosotros hacemos algo independiente respecto de toda forma, no importa qué ocurra, jamás dejaremos de componer como individuos. Nuestra única meta es continuar haciendo lo que hacemos, de forma honesta para con la creatividad, lo más elegante y profesionalmente posible en cuanto a edición, sonido, etcétera.

HS: Si tuvieras que nombrar un disco que define lo que es el black metal hoy, ¿cuál sería?

Idimmu: Flesh Cathedral de Svartidaudi.

HS: ¿Qué disco, compositor o banda influenció en tu decisión de convertirte en músico y compositor de black metal?

Idimmu: Me hice músico en la infancia, al ver a Iron Maiden, Slayer y todas las grandes bandas y de diversos estilos. Tenía 9 o 10 años. Pero entré al black metal en los noventa, cuando escuchaba un programa de radio llamado Detector de Metales: tenía un espacio de 15 o 20 minutos de puro black metal y ahí conocí muchas bandas. Esto fue antes de Internet, entonces conseguí música de Mayhem, Burzum, Darkthrone, Marduk, Emperor, Bathory, Venom, etcétera, en casetes y CDs. Lo demás fue tomando forma naturalmente. Siempre hice lo que quise libremente, solo necesitaba hacerlo y disfrutaba crear de esta manera. El concepto intelectual de The Last Knell fue tomando forma simétricamente con la madurez de la vida y las experiencias por el mundo. Ese es el resultado de lo que existe hoy en día.

NecroAngel, bajista de Antartandes.

NecroAngel, bajista de Antartandes.

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Por lo general, pasa con las bandas que de alguna u otra forma se han vuelto clásicas. O al menos con las que cuentan con un par de discos editados, cuya recepción internacional ha sido más que aceptable. Es ahí cuando deciden obviar el siguiente paso y, repletos de desenfado, dan dos o tres y a veces más, desconfigurando el oído promedio, deshilvanando la costumbre y comodidad a la que habituaron a sus seguidores. El resultado es siempre azaroso. Leyendas de la talla de Satyricon, Mayhem, Celtic Frost y Bathory vivieron en carne propia el yugo de sus propios atrevimientos. Ulver tal vez sea el caso extremo por excelencia para ilustrar el camino no lineal que puede seguir un proyecto. No obstante, quebrar con una exitosa producción anterior, para luego moverse hacia una dirección inesperada tampoco es tremendo atrevimiento. Hay un piso sobre el cual la agrupación se mueve, sus trabajos previos, que musical y comercialmente operan como un padre y una madre: siempre se puede volver a ellos en caso de encontrar una respuesta demasiado encarnizada allá afuera, lejos ya de tus dominios primeros. Antartandes, sin embargo, representa otra cosa, el querer marcar una distancia desde el principio, acto que en cierta medida recuerda lo que sucedió en un principio en las escenas death metal estadounidense y black metal noruega, cuando ninguna banda ejecutaba, a modo de canon, los lineamientos de otra. Morbid Angel, Obituary, Deicide, Autopsy, Death, Immolation, Cannibal Corpse, por un lado, Mayhem, Darkthrone, Immortal, Emperor, Burzum, Satyricon, por otro, todas bandas cuyos primeros álbumes estaban construidos sobre la base de estatutos propios, sin la existencia de mandatos genéricos, y así se volvieron fuertes. En la actualidad, la escena black metal nacional tal vez pasa por su mejor momento histórico. Agrupaciones como Animus Mortis, LvxCaelis, Kursed, Communion, Slaughtbbath, Maledictum, Megiddo y Antartandes dan cuenta de un período sumamente prolífico y único, lejos todavía de la estandarización y sus muecas.

Lord Mashit, baterista de Antartandes.

Lord Mashit, baterista de Antartandes.

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Cuando Emperor anunció su vuelta a los escenarios –una conmemoración a raíz de los 20 años de la edición de In the Nightside Eclipse, su LP debut–, el tema del baterista se alzó como protagónico y jamás soltó el papel: que Faust aquí, que Trym acá, que el espíritu original, que la calidad por sobre la mística y un largo etcétera. De todos modos, la discusión no es en modo alguno estéril. No se trata, digamos, de un mero ejercicio retórico, pues la batería y su ejecución ha sido un tópico preponderante en el nacimiento y desarrollo del black metal. Hellhammer y su incidencia desde fines de los ochenta en el salto evolutivo de Mayhem, Cernunnos y su trascendencia en el sonido del primer Enthroned, Frost y la escuela que acuñó tras The Shadowthrone de Satyricon, Count Grishnackh y Quorthon y sus entonces innovadoras propuestas de one-man-band y así, ejemplos sobran. Pero Fenriz, de Darkthrone, teorizó al respecto. La batería solo debe estar, dijo en un documental, no tiene que ser demasiado visible, manifiesta, sino solo soportar, de manera estoica y lacónica, la apática estructura musical del black metal. En otras palabras, una batería muda. A este respecto, en el concierto del 7 de noviembre en Transmission Studios, los bateristas corrieron suertes distintas. Iverniia, con alrededor de tres meses en The Last Knell, deambuló por el carril contrario al de Fenriz. Abarrocado, se preocupó de llenar todo espacio posible con juegos de platos y redobles. La maniobra no tuvo un final feliz y el resultado fue la pérdida de forma de algunos ritmos, los que se vieron malamente desfigurados. Por el contrario, Lord Mashit, de Antartandes, elevó aun más el poder original de las canciones de Rising Okkult Spiritus, demostrando, silencioso, oficio y oído black metal.

Amok, guitarrista de The Last Knell.

Amok, guitarrista de The Last Knell.

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La noche del 7 de noviembre retrotrajo a los espectadores –queriéndolo o no– a tiempos en los que el metal probablemente experimentaba sus jornadas más gloriosas. Presenciar música en vivo en Transmission Studios reanimó la aparición de un tópico que durante un tiempo el metal extremo echó a un lado, pero que es parte del subgénero desde tiempos primeros: las falsas presentaciones en vivo. Uno de los ejemplos emblemáticos ocurrió en noviembre de 1984 en Nueva York, específicamente en Track Record Studios, y tuvo a Slayer como protagonista. El resultado fue impreso en el EP Live Undead y si bien al principio muchos pensaron que se trataba de un asalto perpetrado en algún club, lo cierto es que Hanneman, King, Araya y Lombardo tocaron en un estudio y el público, según cuentan, no sobrepasada las cincuenta personas, todos amigos de la banda. En Transmission Studios ocurrió más o menos lo mismo, pero con otro tiempo y personajes. Antartandes y The Last Knell, de alguna forma u otra, volvieron a posicionar el tópico de los falsos directos –como dicen los españoles– en suelos chilenos. Ni más, ni menos.


The Last Knell

Fotógrafo: Álvaro Pardo

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Antartandes

Fotógrafo: Álvaro Pardo

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  1. Thronum Immortalis Zine. Santiago: 2013. Número 2. P. 13. []
  2. Varios Autores. Cátedra Roberto Bolaño. Conferencias 2007. Santiago: Universidad Diego Portales, 2008. P. 33. []
  3. Líder de Animus Mortis y uno de los cabecillas del sello Maze Productions. []
  4. Solipsismo (2004). []
  5. Varios Autores. Cátedra Roberto Bolaño. Conferencias 2007. Santiago: Universidad Diego Portales, 2008. P. 28. []
  6. Varios Autores. Cátedra Roberto Bolaño. Conferencias 2007. Santiago: Universidad Diego Portales, 2008. P. 58. []
Uranus 10 / December / 2014

Un comentario hasta el momento

  1. Thronun Immortalis Zine says:

    excelente jornada junto a The Last Knell And Antartandes en la nueva era del black metal lo nacional rige con elite y profesionalismo !! es lo que merecemos como espectador y seguidores de esta escena que no es para muchos !! somo pocos y devotos !! T.I.Z Rules !!

    Nota ANTARTANDES en entrevista a fondo en la 3ra placa de nuestro zine !!

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