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Por Cristian Salgado Poehlmann

El escritor Roberto Bolaño dijo que él no estaba “hecho o preparado para el odio sostenido, que es el verdadero odio”. De alguna manera, la cita puede utilizarse para hablar acerca de –y de paso, sintetizar– la carrera discográfica del power trío brasileño compuesto por Alex Camargo (bajo y voz), Moyses Kolesne (guitarra) y Max Kolesne (batería). Con tres discos excepcionales, los del principio1, Krisiun capturó la atención de personalidades del mundo del death metal. Músicos de la talla de Trey Azagthoth, Alex Webster y Karl Sanders2 no tardaron en reconocer el talento de la entonces emergente y blasfema agrupación. Los holandeses Centurian, asimismo, se consideraban como parte de la segunda oleada de agrupaciones death metal, saco que incluía a bestias de la talla de Angelcorpse y, naturalmente, Krisiun. Pero entonces algo ocurrió y los brasileños dejaron de ser los mismos. Tal vez la agrupación se vio afectada por la crisis mundial que por entonces padecía el death metal, crisis que, curiosamente, ella misma había logrado superar. Sus discos posteriores, desde Ageless Venomous (2001) en adelante, sea por causas de producción y/o composición, comenzaron a ablandarse y perdieron el aura torcida, satánica y, lo peor de todo, la frescura que una vez más Brasil introducía dentro de algún subgénero del metal extremo. Basta con recordar a Sarcófago, Vulcano, Holocausto, Mystifier y, por supuesto, Sepultura. Así, llegamos a The Great Execution, la última placa del trío, editada en 2011 por Century Media Records, que servía como excusa para que Krisiun volviera a subirse a un escenario chileno3. Se trataba, además, del debut de la productora EMEDE Producciones, la cual, al menos hasta el momento, ha optado por números probados (el próximo show de su cartel es Soulfly). Y si bien el espectáculo no estuvo exento de dificultades –la cancelación de la fecha de Krisiun en Valparaíso, la bajada de bandas soporte como Torturer y Forked, cierta descoordinación horaria entre lo que salía en la entrada (21 horas) y lo que aparecía tanto en el afiche como en el evento en Facebook (19 horas)–, EMEDE Producciones supo sacar adelante el apocalipsis brasileño.

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Krisiun es una banda con mucha disciplina y trayectoria, que se ha subido a cualquier tipo de escenario en diversas ciudades del mundo, y aquella noche del 8 de agosto de 2013 quedó marcada con fierros al rojo vivo en nuestra carne a raíz de un hecho no menor: el power trío demostró, con creces, que merece mucho más la pena escucharlo en vivo que en sus discos, salvo –y en esto soy majadero– si hablamos de Black Force Domain, Apocalyptic Revelations y Conquerors of Armageddon. Hace tiempo que no veía a una banda extrema sonar tan bien con un solo guitarrista y que además cuenta con un bajo que aporta muy poco. Aunque la comparación no sea en extremo precisa, creo que desde Pantera que un grupo de metal pesado con un solo guitarrista en vivo no me dejaba tan conforme respecto de su sonido4. Moyses Kolesne, a punta de una envidiable habilidad con su brazo derecho, tanto en los riffs como en los solos, supo echarse la banda al hombro sin inconvenientes. Incluso se dio el gusto de apoyar vocalmente al potentísimo e incasable Alex Camargo. Oficio puro. Y por más que uno de los asistentes al show, Moisés Valdebenito, guitarrista de Deathbed y Denying Nazarene, tenga razón cuando me comentó que las líneas de guitarra de Krisiun son distintas a lo que, por ejemplo, hace Melektaus –banda que durante un tiempo tocó con alineación de power trío, pero que nunca pudo sonar redondita sino hasta el momento en que volvió a ser un cuarteto–, me parece que Krisiun dictó cátedra y demostró que es posible incendiar un recinto con solo seis cuerdas y no doce. El comentario de Valdebenito fue el siguiente: “Melektaus trabaja con armonizaciones, octavas, en fin, los temas están estructurados para que las guitarras dialoguen y jueguen entre sí. En Krisiun, en cambio, eso no ocurre”. Mención aparte merece la actuación de Max Kolesne tras el kit de fierros. Siendo un virtuoso, no se preocupó por ser protagonista. Simplemente no le interesa. Es más bien un tipo que cultiva el bajo perfil y desecha la idea de las baterías gigantes, acaparadoras. Le importó más –salvo en un solo donde tuvo la posibilidad de mostrarse sin reservas– pasar, en el buen sentido del término, desapercibido. Pero ojo: nunca estuvo ausente, sino siempre allí, cual cimiento de un rascacielos. He ahí su importancia dentro de los creadores de Works of Carnage (2003). Al escucharlo, se me vinieron a la cabeza las palabras proferidas por Fenriz5 en un documental. Pero claro, el noruego se refería al black metal, así que la analogía podría ser considerada una falacia, pero me parece que el baterista de Krisiun, bien directa o bien indirectamente, sigue la premisa del escandinavo, la tiene totalmente incorporada en su poética al momento de ejecutar su instrumento: la batería debe estar allí, constante, no sobresalir en demasía, ni tener un excesivo protagonismo. Solo debe estar ahí, por debajo, soportando todo el resto del engranaje6 de manera incansable. Esto lo hace un batero bastante más elegante que muchos de sus pares. Max Kolesne en ningún caso es un clon de Pete Sandoval, Tim Yeung, George Kollias, Tony Laureano, John Longstreth o Derek Roddy. Muy por el contrario, el tipo tiene su propio sonido y técnica, aspectos a los que sabe sacarle provecho de forma inteligente, sin aspavientos ni morisquetas. Entonces pienso lo siguiente: el odio sostenido, el verdadero odio todavía se mantiene en Krisiun, pero solo como acto en vivo.

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Mención aparte merece la locación escogida por EMEDE Producciones para esta nueva presentación de Krisiun en Chile, el Club Kmasu Premiere. Me recordó mucho a otro excelente recinto para realizar fechas en vivo de metal y grindcore: la Disco Khronos. Muy bien la productora ahí. Es más que seguro que de ahora en adelante muchas otras comenzarán a realizar shows allí (sin ir más lejos, la presentación de esta semana de Possessed en Chile será en el mismo recinto). Pero continuando con el show, el único respiro de la noche lo constituyó el cover de “No Class” de Motörhead. Esto me lleva a pensar que Krisiun adolece, y esto lo digo considerando toda su carrera, de canciones que permitan descansar un poco, matizar, tanto así que el trío recurrió a un otro, no a una composición propia. Y en efecto, el público lo agradeció. Es paradójico, pues tanto la fuerza como la debilidad de Krisiun estriban en lo mismo: el power trío ha hecho del grito incesante, infatigable, su cerebro, corazón y espíritu.

Setlist:

01.- Kings of Killing
02.- Combustion Inferno
03.- The Will to Potency
04.- Murderer
05.- Vengeance’s Revelation
06.- Descending Abomination
07.- Ravager
08.- Slain Fate
09.- Blood of Lions
10.- Solo de Batería
11.- Vicious Wrath
12.- Bloodcraft
13.- No Class (Motörhead)
14.- Hatred Inherit
15.- Ominous
16.- Black Force Domain

 

Galería de fotografías

Fotógrafo: Mauricio Rivas

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  1. Black Force Domain (1995), Apocalyptic Revelation (1998) y Conquerors of Armageddon (2000). []
  2. Morbid Angel, Cannibal Corpse y Nile, respectivamente. []
  3. Recordemos que esta es la cuarta ocasión en que los hermanos Camargo-Kolesne atronan Chile. Las presentaciones anteriores acontecieron en 2001, 2004 y 2008. []
  4. Por supuesto, esta opinión no es unánime. Por ejemplo, Cristian Durán –bajista, ex Godagainst, ex Melektaus, ex Cerberus— consideró que el sonido de la guitarra estaba reventado. []
  5. Darkthrone. []
  6. Guitarra, bajo y voz. []
Uranus 16 / August / 2013

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